¿Cuál es el impacto real del Dry January en los hábitos de consumo a largo plazo?
El Dry January tiene efectos documentados que van mucho más allá del mes de enero: según el estudio más citado sobre el tema —realizado por la Universidad de Sussex y publicado en 2018—, el 72% de los participantes bebía menos seis meses después del Dry January, y el 80% sentía que tenía mayor control sobre su consumo de alcohol. El mecanismo no es el mes de abstinencia en sí, sino la revaluación de la relación personal con el alcohol que ese paréntesis obliga a hacer.
Lo que la investigación revela sobre el mecanismo de cambio: el Dry January actúa como un «reset» cognitivo que interrumpe los hábitos automáticos de consumo. La mayoría de los adultos que beben regularmente lo hacen en gran parte por hábito —el vino con la cena, la cerveza el viernes— sin una decisión consciente antes de cada copa. Un mes de pausa fuerza la reconexión con la decisión, lo que modifica el patrón de largo plazo incluso cuando se retoma el consumo.
El impacto en el mercado de bebidas NA es directamente medible: en enero, las ventas de bebidas sin alcohol en España crecen entre un 25% y un 35% respecto a diciembre, y una parte de este aumento se mantiene en febrero y marzo —entre el 8% y el 12% según datos de Nielsen— porque los consumidores que descubren productos NA durante el Dry January incorporan algunos de ellos a su consumo habitual.
El dato sorprendente sobre los no-participantes: incluso las personas que no participan oficialmente en el Dry January pero están expuestas a él —porque sus amigos, colegas o familiares participan— muestran una reducción media del 8–12% en su consumo de alcohol durante enero. El efecto de red del movimiento se extiende más allá de los participantes declarados.
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